En la primera década del siglo XX, el triste panorama industrial de Guadalajara comienza a cambiar. Se Inauguran fábricas en Anquela del Ducado, en Matillas, en Cogolludo o en Jadraque. En cualquier otra zona este pequeño lanzamiento industrial sería poco menos que ridículo, pero en nuestra provincia, totalmente en manos del caciquismo y atrasada de forma consciente para evitar la emancipación de los trabajadores, era una llama de esperanza.
En 1914 el conde de Romanones, ejemplo claro de caciquismo en España, se daba cuenta de que si quería mantener en la provincia de Guadalajara de su feudo electoral, que le permitía obtener el acta de diputado y emplear los fondos públicos para su beneficio personal, debía introducir elementos de cambio y modernización económica en las tierras alcarreñas, pues en caso contrario perdería el apoyo electoral que su red clientelista del que venía disfrutando desde 1889.
Por un lado relanzó el ferrocarril popularmente conocido como el tren de Arganda, una línea férrea de origen industrial construida en 1883 que, desde la capital del reino, avanzaba por el sudeste madrileño hasta Arganda del Rey para llevar materiales de construcción y otras mercancías.
En 1892 la COMPAÑÍA DEL FERROCARRIL DEL TAJUÑA, decidió prolongar su línea férrea por el valle de ese río llegando hasta Orusco, en el límite de la provincia alcarreña: la línea férrea se quedaba a las puertas del territorio provincial de Guadalajara. Pero a partir de 1914 la compañía inició un nuevo periodo de expansión, impulsado como hemos indicado por el Conde de Romanones.
El objetivo era atravesar toda la provincia para llegar, en un primer tramo hasta Cifuentes con la decisión de continuar su trayecto hasta entrar en tierras de Aragón.
En abril de 1916 el tren entró en la provincia y llegó hasta Modéjar, que vivió una de sus jornadas más memorables y antes de acabar ese año, los raíles ya habían llegado a Yebra, Sayatón y Bolarque.

La prensa alcarreña no consideró que la noticia fuera especialmente importante, pues en diarios como “Flores y Abejas” sólo apareció en páginas del interior.
En 1917 llega hasta Anguix y en 1919 la línea se extendió hasta Auñón y Sacedón.
El 27 de diciembre de 1921 el ferrocarril entraba en Alocén, el último pueblo alcarreño que disfrutó de esta línea férrea. A partir de ese momento, los trabajos se detuvieron y nunca se puedo completar el trazado hasta Cifuentes; y mucho menos hasta Aragón. A la crisis económica española tras la guerra mundial y que el Conde de Romanones ya no necesitaba este tipo de acciones para mantener su posición política, terminan en 1923 por condenar al fracaso esta línea férrea, dejando, una vez más a Guadalajara aislada del resto del Estado y a su población abandonada a su suerte en el atraso y la extrema pobreza.